Fue así como me enteré de porqué razón la madre de Tara parece estar siempre triste.
Me enteré porque me dio una brazo. Parece una tontería ¿verdad? Me dio un abrazo y vi en mi cabeza algo que no pude entender, o al menos no inmediatamente.
Vi a la madre de Tara llorando desesperada, como si fuese la persona más desdichada del mundo,como si ya nada le importase más que sus lágrimas y su desesperación.
Aquello no duró mucho, por fortuna. Pero fue tan claro, tan real, que el corazón casi se me para y me puse pálida como la pared. Tuve que meterme en el baño y lavarme con agua helada. Por cierto, un consejo: para tranquilizaros, para que el pulso vuelva a su sitio, nada como dejar caer agua muy fría sobre las muñecas. Es muy extraño, pero sirve para desacelerar el corazón.
Y eso fue lo que hice yo mientras, desde el otro lado de la puerta, Tara me preguntaba si me encontraba bien.
Encontrarse bien. Ya. Es que eso es muy relativo.
No comenté nada a nadie. Ni a mi madre, ni a Tara. Comí con ellas dos intentando prestar atención a lo que contaban, aunque la cabeza se me iba constantemente ala escena que acababa de ver dentro de mí.
Luego, cuando me iba a marchar, me fijé en una foto en que la madre de Tara, mucho más joven, sujetaba en brazos a un bebé guapo y regordete.
- ¿Eres tú?- le pregunté a Tara
- No - contestó - es mi hermana.
- ¿Y dónde está ahora?
- En ningún sitio. Murió hace catorce años, al poco de nacer yo.
Así que era eso loque había visto: a la una madre que había perdido a su hija.
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domingo, 13 de febrero de 2011
La madre de Tara
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Valeria Oriol Alexandre
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miércoles, 9 de febrero de 2011
Ver el pasado
Nieva en Bline, como siempre.Estoy sola en mi habitación mientras el viento sopla fuera y los copos se estrellan contra la ventana de esta casita de cuento de hadas en la que vivo ahora.
Tengo muchas cosas en la cabeza. A Víctor, desde luego. Pero no solo a él.
Porque los problemas surgen cuando menos lo esperamos. Y, sobre todo, en el último sitio en el que esperábamos encontrarlos.
Ya sé que no soy muy explícita, pero esto es todo lo que puedo contaros.
Cuando era pequeña, soñaba con poder ver el futuro. Ver lo que iba a ocurrir, a mí o a otras personas. Poder prevenir desastres, por ejemplo. Advertir de la posibilidad de un accidente, de una catástrofe, de cualquier cosa que pudiese hacer daño a alguien.
De toda la lista de superpoderes, ninguno me parecía tan útil como el de poder ver el futuro.
Pero nunca pensé en qué ocurriría si, de pronto, adquiriese la facultad de ver el pasado. Pero no el mío. El de otros. Tener una ventana abierta a las sombras de otras personas. A los secretos más oscuros. A esa parte de la memoria que todos preferimos que permanezca dormida.
No todas las cosas que nos han ocurrido deben ser recordadas. Y, sobre todo, muchas de ellas no deberían ser jamás conocidas por alguien distinto a nosotros. ¿Te gustaría que un desconocido pudiese un buen día meter la nariz en tus recuerdos?
Pues me he dado cuenta de que yo sí puedo.
Me llamo Valeria Oriol Alexandre, y acabo de darme cuenta de que puedo ver el pasado de otras personas sólo con tocarlas.
Tengo muchas cosas en la cabeza. A Víctor, desde luego. Pero no solo a él.
Porque los problemas surgen cuando menos lo esperamos. Y, sobre todo, en el último sitio en el que esperábamos encontrarlos.
Ya sé que no soy muy explícita, pero esto es todo lo que puedo contaros.
Cuando era pequeña, soñaba con poder ver el futuro. Ver lo que iba a ocurrir, a mí o a otras personas. Poder prevenir desastres, por ejemplo. Advertir de la posibilidad de un accidente, de una catástrofe, de cualquier cosa que pudiese hacer daño a alguien.
De toda la lista de superpoderes, ninguno me parecía tan útil como el de poder ver el futuro.
Pero nunca pensé en qué ocurriría si, de pronto, adquiriese la facultad de ver el pasado. Pero no el mío. El de otros. Tener una ventana abierta a las sombras de otras personas. A los secretos más oscuros. A esa parte de la memoria que todos preferimos que permanezca dormida.
No todas las cosas que nos han ocurrido deben ser recordadas. Y, sobre todo, muchas de ellas no deberían ser jamás conocidas por alguien distinto a nosotros. ¿Te gustaría que un desconocido pudiese un buen día meter la nariz en tus recuerdos?
Pues me he dado cuenta de que yo sí puedo.
Me llamo Valeria Oriol Alexandre, y acabo de darme cuenta de que puedo ver el pasado de otras personas sólo con tocarlas.
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viernes, 28 de enero de 2011
Cosas que no entiendo
No es que me apetezca mucho hablar de ello, pero desde que estoy en Bline han empezado a ocurrirme cosas que no entiendo. Cosas raras, que hacen que esté inquieta.
Supongo que acabaré escribiendo sobre ellas, pero de momento no tengo ganas. Primero necesito ordenar mis ideas. Luego, supongo, no me importará compartirlas con alguien más, porque de momento estoy guardándome todo para mí sola.
Aquí no para de nevar. Hace frío. No pensé que pudiera hacer tanto, la verdad. Por fortuna, el pueblo entero parece estar preparardo para las bajas temperaturas. De no ser así, nos convertiríamos todos en productos de congelador.
Estoy contenta en el Insti. La gente, ya lo conté el primer día, es la mar de agradable. Me han recibido fenomenal. Ahora me he incorporado al grupo de estudio de Tara y sus amigas.
¿Qué es eso del grupo de estudio? Yo también me lo pregunté la primera vez. Resulta que aquí la gente estudia en grupos, en cada uno de los cuales hay alguien a quien se le da bien determinada asignatura. Yo soy el refuerzo de matemáticas. Una vez a la semana, a veces incluso más, nos reunimos en una casa para estudiar todas juntas y resolver dudas.
No estoy segura de que el sistema me convenza. Siempre he preferido estudiar sola. No se me da muy bien trabajar con más gente, y en cuanto a lo de explicar... me conozco, y sé que perderé la paciencia en cuanto tenga que aclarar una duda y no me entiendan a la primera. Pero ya sabéis lo que dicen: donde fueres, haz lo que vieres.
En fin, ya seguiré contando. Y lo aclararé todo en cuanto empiece a etender esas cosas que, de momento, dibujan en mi cabeza un interrogante.
Supongo que acabaré escribiendo sobre ellas, pero de momento no tengo ganas. Primero necesito ordenar mis ideas. Luego, supongo, no me importará compartirlas con alguien más, porque de momento estoy guardándome todo para mí sola.
Aquí no para de nevar. Hace frío. No pensé que pudiera hacer tanto, la verdad. Por fortuna, el pueblo entero parece estar preparardo para las bajas temperaturas. De no ser así, nos convertiríamos todos en productos de congelador.
Estoy contenta en el Insti. La gente, ya lo conté el primer día, es la mar de agradable. Me han recibido fenomenal. Ahora me he incorporado al grupo de estudio de Tara y sus amigas.
¿Qué es eso del grupo de estudio? Yo también me lo pregunté la primera vez. Resulta que aquí la gente estudia en grupos, en cada uno de los cuales hay alguien a quien se le da bien determinada asignatura. Yo soy el refuerzo de matemáticas. Una vez a la semana, a veces incluso más, nos reunimos en una casa para estudiar todas juntas y resolver dudas.
No estoy segura de que el sistema me convenza. Siempre he preferido estudiar sola. No se me da muy bien trabajar con más gente, y en cuanto a lo de explicar... me conozco, y sé que perderé la paciencia en cuanto tenga que aclarar una duda y no me entiendan a la primera. Pero ya sabéis lo que dicen: donde fueres, haz lo que vieres.
En fin, ya seguiré contando. Y lo aclararé todo en cuanto empiece a etender esas cosas que, de momento, dibujan en mi cabeza un interrogante.
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lunes, 24 de enero de 2011
Mirar hacia otro lado
Tara me dijo que Víctor y ella se enrollaron el año pasado. Pues bueno. A mí, la verdad, lo mismo me da. Es cosa de ellos dos ¿no? Yo a Tara casi ni la conozco. En cuanto a Víctor... bueno, pues todavía no conozco menos que a Tara. Y me importa una mierda los rollos que se traigan el uno y la otra.
Sigo mi proceso de adaptación a Bline. Ya me voy acostumbrando al frío extremo de este pueblo. Y yo me quejaba del que hace en la sierra! Esto es otra cosa, os lo digo yo.
Por otro lado, tengo que reconocer que es bonito. La nieve, y todo eso. Los abetos, tan blancos bajo el peso del hielo. Los carámbanos. Las macetas con flores de pascua que aún cuelgan de las farolas, aunque hace mucho que acabó la Navidad. Los tejados de pizarra. Y las casas de piedra, todas iguales.
Todas iguales, sí.
Y eso es algo que no acaba de gustarme. Esa uniformidad: en este pueblo, da la sensación de que todos se parecen unos a otros.
Eso hace que me sienta como un elemento extraño. Aunque no soy la única: Víctor tampoco es como los demás. Me doy cuenta de que cuando alguien hace un broma y todos se ríen al mismo tiempo, solo Víctor y yo nos quedamos como cortados. Como si no entendiésemos qué es lo que les hace tanta gracia a los otros. Hoy, cuando todos se desternillaban con una tontería que había dicho Toño, Víctor y yo nos quedamos callados y nos miramos.
Víctor.
Tara está loca por Víctor. Y Tara es amiga mía.
Así que debería empezar a mirar hacia otro lado. Por mucho que sigan atrayéndome los ojos de Víctor.
Sigo mi proceso de adaptación a Bline. Ya me voy acostumbrando al frío extremo de este pueblo. Y yo me quejaba del que hace en la sierra! Esto es otra cosa, os lo digo yo.
Por otro lado, tengo que reconocer que es bonito. La nieve, y todo eso. Los abetos, tan blancos bajo el peso del hielo. Los carámbanos. Las macetas con flores de pascua que aún cuelgan de las farolas, aunque hace mucho que acabó la Navidad. Los tejados de pizarra. Y las casas de piedra, todas iguales.
Todas iguales, sí.
Y eso es algo que no acaba de gustarme. Esa uniformidad: en este pueblo, da la sensación de que todos se parecen unos a otros.
Eso hace que me sienta como un elemento extraño. Aunque no soy la única: Víctor tampoco es como los demás. Me doy cuenta de que cuando alguien hace un broma y todos se ríen al mismo tiempo, solo Víctor y yo nos quedamos como cortados. Como si no entendiésemos qué es lo que les hace tanta gracia a los otros. Hoy, cuando todos se desternillaban con una tontería que había dicho Toño, Víctor y yo nos quedamos callados y nos miramos.
Víctor.
Tara está loca por Víctor. Y Tara es amiga mía.
Así que debería empezar a mirar hacia otro lado. Por mucho que sigan atrayéndome los ojos de Víctor.
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jueves, 20 de enero de 2011
Los ojos azules
Víctor tiene los ojos más azules que he visto en mi vida. Son unos ojos raros. Con la luz de la nieve parecen grises, pero luego tienen un raro color oscuro. Es alto. Y de espaldas anchas. Tara dice que hace mucho deporte. Debe ser por eso.
Es un chico raro. Le toma el pelo a todo el mundo, o al menos eso parece. Y, como dice continuamente, le gusta ir a su aire. En eso nos parecemos, supongo. A mí tampoco me hace gracia que me dirijan.
Víctor tiene una sonrisa muy bonita, de dientes perfectos. Parece un anuncio de pasta de dientes o algo así.O de una empresa de ortodoncias: "Confíe en nosotros y se quedará así".
Tiene mi edad, pero cuando está serio parece mayor. Y a veces da la sensación de que guarda un secreto. Un secreto que no está dispuesto a compartir con nadie. Eso parece difícil en Bline. Pero ¿acaso no tenemos todos derecho a tener nuestros secretos?
Víctor tiene el pelo castaño oscuro. Un pelo bonito y muy brillante. Tara dice que también es muy suave. Ella sabrá, digo yo.
Víctor me ha mirado a los ojos. Por eso sé que él tiene los ojos más extraños del mundo.
Es un chico raro. Le toma el pelo a todo el mundo, o al menos eso parece. Y, como dice continuamente, le gusta ir a su aire. En eso nos parecemos, supongo. A mí tampoco me hace gracia que me dirijan.
Víctor tiene una sonrisa muy bonita, de dientes perfectos. Parece un anuncio de pasta de dientes o algo así.O de una empresa de ortodoncias: "Confíe en nosotros y se quedará así".
Tiene mi edad, pero cuando está serio parece mayor. Y a veces da la sensación de que guarda un secreto. Un secreto que no está dispuesto a compartir con nadie. Eso parece difícil en Bline. Pero ¿acaso no tenemos todos derecho a tener nuestros secretos?
Víctor tiene el pelo castaño oscuro. Un pelo bonito y muy brillante. Tara dice que también es muy suave. Ella sabrá, digo yo.
Víctor me ha mirado a los ojos. Por eso sé que él tiene los ojos más extraños del mundo.
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lunes, 17 de enero de 2011
Primer día de clase
Hoy he empezado en mi nuevo instituto. Son las dos y media y me he escapado a un ordenador para contaros un poco lo que hay por aquí.
Tara,que es muy buena chica, me recogió hoy en casa a las nueve menos cuarto para acompañarme en mi primer día. Se lo agradecí muchísimo, porque es difícil empezar sola en un sitio nuevo. Así que Tara se vinoconmigo y me presentó a mis nuevos compañeros.
Soy incapaz de recordar los nombres de todos, pero ya puedo decir que me demostraron más simpatía en cinco minutos que mis antiguos compañeros en cinco meses. Parecen alegres y contentos: está claro que les gusta vivir aquí. Y eso me da esperanzas. Esperanzas de que quizá algún día me encuentre en Bline tan bien como parecen encontrarse ellos.
Los profesores también parecen buena gente. Me dieron la bienvenida con mucha amabilidad. Es como si a todo el mundo le preocupase mi estado. Diréis que soy rara - bueno, de hecho lo soy - pero esa actitud no acaba de gustarme. La verdad, preferiría que se olvidasen de mí. Que me dejasen un poco a mi aire. Lo cual no quiere decir que no agradezca que se preocupen por mí.
La comida del instituto es buenísima, de verdad. Y, para colmo, a la hora del recreo nos sirven chocolate caliente y unos bizcochos muy ricos. Increíble ¿verdad? Tara me explicó que es solo durante el invierno, para evitar que en los meses de frío tengamos que salir fuera a tomar algo durante el descanso.
Y me doy cuenta de que, no sé si deliberadamente o no, he dejado a Víctor para el final. Porque, después de que Tara me diese la lata con él, por fin lo he conocido.
Pero no voy a hablar de él ahora.Son casi las tres. Y es hora de volver a clase.
Tara,que es muy buena chica, me recogió hoy en casa a las nueve menos cuarto para acompañarme en mi primer día. Se lo agradecí muchísimo, porque es difícil empezar sola en un sitio nuevo. Así que Tara se vinoconmigo y me presentó a mis nuevos compañeros.
Soy incapaz de recordar los nombres de todos, pero ya puedo decir que me demostraron más simpatía en cinco minutos que mis antiguos compañeros en cinco meses. Parecen alegres y contentos: está claro que les gusta vivir aquí. Y eso me da esperanzas. Esperanzas de que quizá algún día me encuentre en Bline tan bien como parecen encontrarse ellos.
Los profesores también parecen buena gente. Me dieron la bienvenida con mucha amabilidad. Es como si a todo el mundo le preocupase mi estado. Diréis que soy rara - bueno, de hecho lo soy - pero esa actitud no acaba de gustarme. La verdad, preferiría que se olvidasen de mí. Que me dejasen un poco a mi aire. Lo cual no quiere decir que no agradezca que se preocupen por mí.
La comida del instituto es buenísima, de verdad. Y, para colmo, a la hora del recreo nos sirven chocolate caliente y unos bizcochos muy ricos. Increíble ¿verdad? Tara me explicó que es solo durante el invierno, para evitar que en los meses de frío tengamos que salir fuera a tomar algo durante el descanso.
Y me doy cuenta de que, no sé si deliberadamente o no, he dejado a Víctor para el final. Porque, después de que Tara me diese la lata con él, por fin lo he conocido.
Pero no voy a hablar de él ahora.Son casi las tres. Y es hora de volver a clase.
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viernes, 14 de enero de 2011
Victor
Ayer pasé la tarde en casa de Tara. Fue muy divertido, sobre todo porque hacía semanas que no pasaba un rato largo con alguien de mi edad.
Tomamos sandwiches y chocolate caliente. Nunca me ha gustado mucho el chocolate, pero sucede que, con el frío y la nieve, apetece mucho más. Tara dice que su madre siempre tiene preparada una jarra de chocolate para cuando ella llega. La madre de Tara la cuida mucho. Creo que a veces demasiado.
Tara y sus padres se separaron hace siglos. Eso, supongo, la acerca un poco más a mí. Dice que lo ha superado. Que era muy pequeña cuando ocurrió, y que lo lleva bien. Me parece que no ve mucho a su padre, que también vive en Bline y tiene una tienda de ropa de montaña.
Tara me hablódel chico que le gusta. Se llama Víctor. Víctor Bicand. Según ella, es el chico más guapo de todo el Instituto. De todo el pueblo. De todo el mundo. Víctor. Salta a la vista que está colada por él. Según Tara, no solo está buenísimo, sinoque encima es listísimo, simpatiquísimo y no sé cuantas cosas más.
Supongo que exagera. Pero yo también exageraba al hablar de J. Eso es lo que pasa cuando estás enamorada, o cuando crees estarlo.
Una tarde de cotilleos, sandwiches y chocolate caliente.
Puede pareceros una tontería, pero lo he disfrutado mucho después de estos meses. Tengo la sensación de que soy de nuevo una persona normal.
Tomamos sandwiches y chocolate caliente. Nunca me ha gustado mucho el chocolate, pero sucede que, con el frío y la nieve, apetece mucho más. Tara dice que su madre siempre tiene preparada una jarra de chocolate para cuando ella llega. La madre de Tara la cuida mucho. Creo que a veces demasiado.
Tara y sus padres se separaron hace siglos. Eso, supongo, la acerca un poco más a mí. Dice que lo ha superado. Que era muy pequeña cuando ocurrió, y que lo lleva bien. Me parece que no ve mucho a su padre, que también vive en Bline y tiene una tienda de ropa de montaña.
Tara me hablódel chico que le gusta. Se llama Víctor. Víctor Bicand. Según ella, es el chico más guapo de todo el Instituto. De todo el pueblo. De todo el mundo. Víctor. Salta a la vista que está colada por él. Según Tara, no solo está buenísimo, sinoque encima es listísimo, simpatiquísimo y no sé cuantas cosas más.
Supongo que exagera. Pero yo también exageraba al hablar de J. Eso es lo que pasa cuando estás enamorada, o cuando crees estarlo.
Una tarde de cotilleos, sandwiches y chocolate caliente.
Puede pareceros una tontería, pero lo he disfrutado mucho después de estos meses. Tengo la sensación de que soy de nuevo una persona normal.
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miércoles, 12 de enero de 2011
Una nueva amiga
Creo que tengo una amiga. Se llama Tara y es hijade una compañera de mi madre en la Central hidroeléctrica. Tara es de mi edad. Estaremos juntas en clase cuando empiece en el Colegio, que está cerrado hasta el próximo lunes a causa del temporal de nieve.
Tara es simpática. La conocí en su casa, pues su madre nos invitó a comer a mi madre y a mí el primer díade nuestra estancia en Bline. Fue un detalle. La madre de Tara es una mujer amable y triste. Lo de triste no lo digo por decir: hace tiempo le pasó algo terrible, aunque eso ya os lo contaré otro día.
Os estaba hablando de Tara. Ha sido muy afectuosa conmigo. Me habló delpueblo, de los compañeros del colegio, de los profesores... parece que es muy feliz aquí. Dice que todos los chicos se llevan muy bien, que hacen planes de fin de semana, que hasta estudian juntos.
A mí, la verdad, tanta colectivización de la cosa me da un poco de mal rollo. En un test de personalidad que nos hicieron en el colegio - y que, dicho sea de paso, costó una pasta gansa - el psicólogo dijo que yo era excesivamente individualista. A mí me dieron ganas de contestarle que no hacía falta que mis padres se gastasen un dineral para averiguar eso. Yo voy por libre casi desde que nací.
Por eso, cuando Tara me hablaba de todas las actividades que hacen en grupo, de las jornadas de estudio en equipo, de las excursiones y las barbacoas, no sabía muy bien que pensar.
Pero estoy en el otro lado del país. He dejado atrás muchas cosas, y empezado una nueva vida aquí, bajo la nieve de Bline.
Quizá haya llegado el momento de ser un poco más... un poco más abierta. Más comunicativa.
Tara quiere ser mi amiga. Y yo necesito un poco de afecto de gente de mi edad, así que... ¿por qué no?
Tara es simpática. La conocí en su casa, pues su madre nos invitó a comer a mi madre y a mí el primer díade nuestra estancia en Bline. Fue un detalle. La madre de Tara es una mujer amable y triste. Lo de triste no lo digo por decir: hace tiempo le pasó algo terrible, aunque eso ya os lo contaré otro día.
Os estaba hablando de Tara. Ha sido muy afectuosa conmigo. Me habló delpueblo, de los compañeros del colegio, de los profesores... parece que es muy feliz aquí. Dice que todos los chicos se llevan muy bien, que hacen planes de fin de semana, que hasta estudian juntos.
A mí, la verdad, tanta colectivización de la cosa me da un poco de mal rollo. En un test de personalidad que nos hicieron en el colegio - y que, dicho sea de paso, costó una pasta gansa - el psicólogo dijo que yo era excesivamente individualista. A mí me dieron ganas de contestarle que no hacía falta que mis padres se gastasen un dineral para averiguar eso. Yo voy por libre casi desde que nací.
Por eso, cuando Tara me hablaba de todas las actividades que hacen en grupo, de las jornadas de estudio en equipo, de las excursiones y las barbacoas, no sabía muy bien que pensar.
Pero estoy en el otro lado del país. He dejado atrás muchas cosas, y empezado una nueva vida aquí, bajo la nieve de Bline.
Quizá haya llegado el momento de ser un poco más... un poco más abierta. Más comunicativa.
Tara quiere ser mi amiga. Y yo necesito un poco de afecto de gente de mi edad, así que... ¿por qué no?
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domingo, 9 de enero de 2011
Acabamos de llegar
Escribo este post en el coche, desde mi iphone, así que perdonad si hay faltas. Acabamos de llegar a Bline y quiero compartir mis primeras impresiones.
Hace mucho frío. Veo un termómetro que marca seis grados bajo cero. Ha nevado mucho, pero la calzada está limpia y circulamos sin problemas. Ahora la nieve cae muy despacio. Ya es de noche, pero con tanto blacno alrededor, hay cierta claridad.
Bline. Parece un lugar tranquilo y bonito. Y de pronto me da por pensar que es demasiado bonito y demasiado tranquilo. Acabamos de dejar atrás un cartel que dice "Bienvenidos a Bline, el pueblo feliz".
Un pueblo feliz. ¿Es esoposible? ¿Existe en el mundo algún lugar así? ¿Y si es este? ¿Ysi he venido a parar a un sitio ideal?
Ahora nieva un poco más fuerte, ylos copos se estrellan contra el cristal delantero. Mamá parece cansada. Ha conducido todo el día. No hemos hablado mucho durante el viaje. Sé que a ella no el gusta que le den conversación mientras conduce.
Acabamos de parar frente a la gasolinera. Mamá asegura qe alguien vendrá a buscarnos, pero no se ve a nadie. Todo está desierto. Hasta la gasolinera parece cerrada. El viento sopla y levanta en remolinos los copos de nieve.
Me sobresalto cuando la cara de un hombre aparce en mi cristal
Hace mucho frío. Veo un termómetro que marca seis grados bajo cero. Ha nevado mucho, pero la calzada está limpia y circulamos sin problemas. Ahora la nieve cae muy despacio. Ya es de noche, pero con tanto blacno alrededor, hay cierta claridad.
Bline. Parece un lugar tranquilo y bonito. Y de pronto me da por pensar que es demasiado bonito y demasiado tranquilo. Acabamos de dejar atrás un cartel que dice "Bienvenidos a Bline, el pueblo feliz".
Un pueblo feliz. ¿Es esoposible? ¿Existe en el mundo algún lugar así? ¿Y si es este? ¿Ysi he venido a parar a un sitio ideal?
Ahora nieva un poco más fuerte, ylos copos se estrellan contra el cristal delantero. Mamá parece cansada. Ha conducido todo el día. No hemos hablado mucho durante el viaje. Sé que a ella no el gusta que le den conversación mientras conduce.
Acabamos de parar frente a la gasolinera. Mamá asegura qe alguien vendrá a buscarnos, pero no se ve a nadie. Todo está desierto. Hasta la gasolinera parece cerrada. El viento sopla y levanta en remolinos los copos de nieve.
Me sobresalto cuando la cara de un hombre aparce en mi cristal
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sábado, 8 de enero de 2011
Haciendo maletas
Mañana nos vamos a Bline.
Ayer estuve todo el día empaquetando cosas. Odio hacer maletas. Odio poner orden. Sin embargo, sta vez no podía escaqueame: era mi vida lo que había que meter en cajas.
Nuestra casa parece un campo de batalla: hay trastos por todas partes. Mi madre va de un sitio a otro de un humor de perros, dando instrucciones a los de la mudanza, preparando todo lo que va a quedarse en un guardamuebles y aquello que vamos a llevarnos a nuestro nuevo hogar.
En Bline, la compañía para la que va a trabajar mi madre nos ha alquilado una casa amueblada. No tenemos ni idea de como será - la verdad es que podrían haber mandado unas fotos¿no? Tampoco es tan difícil... - pero no sé por qué me temo que no va a ser nada del otro mundo. De hecho, me la imagino como uno de esos horribles apartamentos de playa con muebles baratos de contrachapado y vasos de duralex en la cocina.
Odio los vasos de duralex,que quede claro. Por mí los prohibiría en todo el planeta.
Como ya os dije, lo he tirado casi todo: ositos de peluche, muñecas, juguetes. Ropa que me había quedado pequeña y que no sé por qué seguía acumulada en el armario. Adornos horribles que conservaba por alguna razón. Recuerdos de viajes.
Las cosas que más me importan las embalé con cuidado para llevármelas a Bline: mi ropa, algunos cd´s, libros, los regalos de reyes... poco más, la verdad.
Rebuscando, encontré un álbum con fotos: papá, mamá y yo en nuestras vacaciones. Silvia y yo de campamento y de excursión con el colegio. Con J. en una fiesta...
Es curiosa la sensación de pensar que se trata de imágenes que ya no pueden repetirse. Momentos que pertenecen a un pasado que se ha perdido para siempre. A lugares a los que ya es imposible volver.
Dudé sobre qué hacer con aquel album. ¿Debía llevármelo conmigo? ¿Era preferible deshacerse de él? No era una decisión fácil. De una forma o de otra, el album simbolizaba mi vida hasta ahora mismo, o más bien hasta el momento en que todo se estropeó y tuve que empezar otra vez. Ahora, mamá asegura que este traslado a Bline es la oportunidad que necesitamos ella y yo para reconstruír nuestras vidas.
Reconstruír mi vida... sí, por supuesto. Recomenzaré. Pero quiero seguir teniendo presente a la persona que fui. Recordar mi pasado, aunque con el deseo de superarlo.
Mi pasado está en ese álbum de fotos. No, no pienso tirarlo. Pero tampoco me lo llevaré conmigo.
Lo metí en una de las cajas con destino al guardamuebles. Quizá, dentro de algún tiempo, pueda volver a ver esas fotos sin hacerme daño.
Ayer estuve todo el día empaquetando cosas. Odio hacer maletas. Odio poner orden. Sin embargo, sta vez no podía escaqueame: era mi vida lo que había que meter en cajas.
Nuestra casa parece un campo de batalla: hay trastos por todas partes. Mi madre va de un sitio a otro de un humor de perros, dando instrucciones a los de la mudanza, preparando todo lo que va a quedarse en un guardamuebles y aquello que vamos a llevarnos a nuestro nuevo hogar.
En Bline, la compañía para la que va a trabajar mi madre nos ha alquilado una casa amueblada. No tenemos ni idea de como será - la verdad es que podrían haber mandado unas fotos¿no? Tampoco es tan difícil... - pero no sé por qué me temo que no va a ser nada del otro mundo. De hecho, me la imagino como uno de esos horribles apartamentos de playa con muebles baratos de contrachapado y vasos de duralex en la cocina.
Odio los vasos de duralex,que quede claro. Por mí los prohibiría en todo el planeta.
Como ya os dije, lo he tirado casi todo: ositos de peluche, muñecas, juguetes. Ropa que me había quedado pequeña y que no sé por qué seguía acumulada en el armario. Adornos horribles que conservaba por alguna razón. Recuerdos de viajes.
Las cosas que más me importan las embalé con cuidado para llevármelas a Bline: mi ropa, algunos cd´s, libros, los regalos de reyes... poco más, la verdad.
Rebuscando, encontré un álbum con fotos: papá, mamá y yo en nuestras vacaciones. Silvia y yo de campamento y de excursión con el colegio. Con J. en una fiesta...
Es curiosa la sensación de pensar que se trata de imágenes que ya no pueden repetirse. Momentos que pertenecen a un pasado que se ha perdido para siempre. A lugares a los que ya es imposible volver.
Dudé sobre qué hacer con aquel album. ¿Debía llevármelo conmigo? ¿Era preferible deshacerse de él? No era una decisión fácil. De una forma o de otra, el album simbolizaba mi vida hasta ahora mismo, o más bien hasta el momento en que todo se estropeó y tuve que empezar otra vez. Ahora, mamá asegura que este traslado a Bline es la oportunidad que necesitamos ella y yo para reconstruír nuestras vidas.
Reconstruír mi vida... sí, por supuesto. Recomenzaré. Pero quiero seguir teniendo presente a la persona que fui. Recordar mi pasado, aunque con el deseo de superarlo.
Mi pasado está en ese álbum de fotos. No, no pienso tirarlo. Pero tampoco me lo llevaré conmigo.
Lo metí en una de las cajas con destino al guardamuebles. Quizá, dentro de algún tiempo, pueda volver a ver esas fotos sin hacerme daño.
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jueves, 6 de enero de 2011
Regalos de reyes
Como toda hija de padres divorciados, este año he tenido unos regalos de reyes estupendos: vaqueros nuevos, un nuevo ipod, un nuevo reproductor de DVD, nuevas nike - de color morado, justo las que quería - un forro polar estupendo, unas botas de goretex y hasta un sobre con ciento cincuenta euros, regalos de mis abuelos que ya empiezan con la canción de que no saben qué comprarme y me prefieren dar dinero. (Y yo encantada, como os podés suponer)
Mi padre vino esta mañana a traerme sus regalos: una cazadora de ante de esas que luego no te pones por miedo a que se manchen, una bufanda con unos guantes a juego, unos libros y unas botas altas. No hice ni caso a nada de lo que me había traído, porque en cada uno de esos regalos yo veía la dichosa huella de la tía Lou.
Luego, mamá me pidió que saliese de la habitación porque quería hablar con mi padre a solas. Yo hice caso, pero me quedé en el cuarto de al lado con un vaso de cristal pegado a la pared. Seguro que ya conocéis el truco, y, desde luego, vale para oir fenomenal.
Mamá le dijo a papá que nos múdábamos. Que le habían ofrecido un trabajo en una central hidroeléctrica en el Pirineo, y que lo había aceptado. Mi padre se puso como una fiera: que como había hecho eso sin consultarle a él, que no podía llevarme tan lejos, y bla,bla, bla.
Mamá estuvo estupendamente: le habló tranquila, calmada y sin alterarse. Le dijo que era una decisión que habíamos tomado ella y yo y, ya que él había sido tan oportuno al largarse de casa y dejarnos solas, no veía qué derecho tenía ahora a pedir vela en el entierro.
Así se habla, sí señor.
Total, que nos piramos. Levamos anclas. Nos damos el bote. Nos marchamos, vaya. Rumbo a un pueblo de las montañas supongo que dejado de la mano de Dios, pero donde nadie me conoce ni me va a hacer la vida imposible. La tierra prometida, vamos.
Así que voy a dar cerrojazo a mi pasado para empezar a vivir otra vez.
Y como no quiero pensar en eso ahora, me limito a mirar y remirar mis regalos de reyes. Los mejores regalos, los más generosos que he tenido desde que era una niña mimada a la que cargaban de juguetes caros.
Y, sin embargo, estas han sido las Navidades más tristes de toda mi vida. Menos mal que ya se acaban.
Menos mal que está a punto de empezar otra etapa.
Mi padre vino esta mañana a traerme sus regalos: una cazadora de ante de esas que luego no te pones por miedo a que se manchen, una bufanda con unos guantes a juego, unos libros y unas botas altas. No hice ni caso a nada de lo que me había traído, porque en cada uno de esos regalos yo veía la dichosa huella de la tía Lou.
Luego, mamá me pidió que saliese de la habitación porque quería hablar con mi padre a solas. Yo hice caso, pero me quedé en el cuarto de al lado con un vaso de cristal pegado a la pared. Seguro que ya conocéis el truco, y, desde luego, vale para oir fenomenal.
Mamá le dijo a papá que nos múdábamos. Que le habían ofrecido un trabajo en una central hidroeléctrica en el Pirineo, y que lo había aceptado. Mi padre se puso como una fiera: que como había hecho eso sin consultarle a él, que no podía llevarme tan lejos, y bla,bla, bla.
Mamá estuvo estupendamente: le habló tranquila, calmada y sin alterarse. Le dijo que era una decisión que habíamos tomado ella y yo y, ya que él había sido tan oportuno al largarse de casa y dejarnos solas, no veía qué derecho tenía ahora a pedir vela en el entierro.
Así se habla, sí señor.
Total, que nos piramos. Levamos anclas. Nos damos el bote. Nos marchamos, vaya. Rumbo a un pueblo de las montañas supongo que dejado de la mano de Dios, pero donde nadie me conoce ni me va a hacer la vida imposible. La tierra prometida, vamos.
Así que voy a dar cerrojazo a mi pasado para empezar a vivir otra vez.
Y como no quiero pensar en eso ahora, me limito a mirar y remirar mis regalos de reyes. Los mejores regalos, los más generosos que he tenido desde que era una niña mimada a la que cargaban de juguetes caros.
Y, sin embargo, estas han sido las Navidades más tristes de toda mi vida. Menos mal que ya se acaban.
Menos mal que está a punto de empezar otra etapa.
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lunes, 3 de enero de 2011
Una nueva vida
Esta noche no he podido pegar ojo. Y,si digo que no es para menos, me daréis la razón cuando sepáis porqué.
No entro en detalles sobre la noche de fin de año, porque fue deprimente, deprimente, deprimente. Mi madre, mis abuelos y yo fingiendo que estábamos muy contentos de estrenar 2011. Menuda tontería.
El día uno lo pasamos solas mamá y yo, picoteando restos de la cena - mi abuela había traído comida como para alimentar a todo un colegio - y viendo películas malas por la tele. Y al llegar la noche, mi madre me dijo que tenía que hablar conmigo.
Me puse a temblar, claro. Tanta solemnidad no puede ser buena. Si uno quiere decir algo lo dice y punto. Cuando se prepara tanto el terreno, malo. Así que me senté frente a mi madre con la sensación de que se preparaba una buena.
- Valeria... ¿qué te parecería si nos mudásemos?
- ¿A la nueva casa en la otra urba?
(Pero si Silvia ya me había localizado allí y se había ocupado de prepararme el terreno para que mi vida fuese una mierda?)
- No... un poco más lejos. De hecho, fuera de Madrid
(Uppps)
- ¿A dónde, exactamente?
- Al Pirineo. A un pueblecito de montaña.
(¿Un pueblo de montaña? Pero ¿tan desesperada me ve mi madre que quiere llevarme al culo del mundo?)
- No sé... ¿hay agua corriente en ese pueblo?
(Mi madre se echó a reír con la pregunta. A mí no me parecía graciosa.Era necesario fijar cuanto antes las condiciones de vida que se me presentaban)
- ¡Valeria! Pues claro. Es un lugar precioso y muy desarrollado. Hay buenas tiendas, cafeterías, un centro comercial... y una estación de esquí a veinte minutos. En cuanto recuperes lamovilidad en la pierna,. podrás esquiar todos los fines de semana. También hay un instituto estupendo...
(Vale, mamá. Ponle música y estarás haciendo una campaña publicitaria de pueblo de marras)
- No sé... ¿Y por qué ese sitio precisamente?
- Verás, me han ofrecido un trabajo... un trabajo estupendo. Más interesante y mejor pagado que el que tengo. Es en una central hidroeléctrica. Ya sabes que siempre me han interesado los asuntos de energía limpia...
(Ya. Y todo lo que tenga que ver con la dichosa conservación del medio ambiente. Deberíais escuchar a mi madre cuando me lavo los dientes con el grifo abierto o dejo correr más de losdeseable el agua de la ducha. Por no hablar de todo lo que dio la tabarra para que colocásemos paneles solares en el techo de casa...)
- ... es, como te digo, un buen empleo. Y, sobre todo, una gran oportunidad para empezar de nuevo.
(Se puso seria)
- Valeria, hace tiempo que no somos felices. Ni tú ni yo. Cuando eso ocurre, es bueno plantearse un cambio. Pero la decisión no está tomada. Depende de ti. No quiero arrastrarte a un lugar al que no desees ir. Solo te pido que lo pienses.
(Me quedé callada, mirando a mi madre, y no sé porqué se me ocurrió recordar que la quería mucho)
- ¿Cómo dices que se llama el pueblo ese?
- Bline
No entro en detalles sobre la noche de fin de año, porque fue deprimente, deprimente, deprimente. Mi madre, mis abuelos y yo fingiendo que estábamos muy contentos de estrenar 2011. Menuda tontería.
El día uno lo pasamos solas mamá y yo, picoteando restos de la cena - mi abuela había traído comida como para alimentar a todo un colegio - y viendo películas malas por la tele. Y al llegar la noche, mi madre me dijo que tenía que hablar conmigo.
Me puse a temblar, claro. Tanta solemnidad no puede ser buena. Si uno quiere decir algo lo dice y punto. Cuando se prepara tanto el terreno, malo. Así que me senté frente a mi madre con la sensación de que se preparaba una buena.
- Valeria... ¿qué te parecería si nos mudásemos?
- ¿A la nueva casa en la otra urba?
(Pero si Silvia ya me había localizado allí y se había ocupado de prepararme el terreno para que mi vida fuese una mierda?)
- No... un poco más lejos. De hecho, fuera de Madrid
(Uppps)
- ¿A dónde, exactamente?
- Al Pirineo. A un pueblecito de montaña.
(¿Un pueblo de montaña? Pero ¿tan desesperada me ve mi madre que quiere llevarme al culo del mundo?)
- No sé... ¿hay agua corriente en ese pueblo?
(Mi madre se echó a reír con la pregunta. A mí no me parecía graciosa.Era necesario fijar cuanto antes las condiciones de vida que se me presentaban)
- ¡Valeria! Pues claro. Es un lugar precioso y muy desarrollado. Hay buenas tiendas, cafeterías, un centro comercial... y una estación de esquí a veinte minutos. En cuanto recuperes lamovilidad en la pierna,. podrás esquiar todos los fines de semana. También hay un instituto estupendo...
(Vale, mamá. Ponle música y estarás haciendo una campaña publicitaria de pueblo de marras)
- No sé... ¿Y por qué ese sitio precisamente?
- Verás, me han ofrecido un trabajo... un trabajo estupendo. Más interesante y mejor pagado que el que tengo. Es en una central hidroeléctrica. Ya sabes que siempre me han interesado los asuntos de energía limpia...
(Ya. Y todo lo que tenga que ver con la dichosa conservación del medio ambiente. Deberíais escuchar a mi madre cuando me lavo los dientes con el grifo abierto o dejo correr más de losdeseable el agua de la ducha. Por no hablar de todo lo que dio la tabarra para que colocásemos paneles solares en el techo de casa...)
- ... es, como te digo, un buen empleo. Y, sobre todo, una gran oportunidad para empezar de nuevo.
(Se puso seria)
- Valeria, hace tiempo que no somos felices. Ni tú ni yo. Cuando eso ocurre, es bueno plantearse un cambio. Pero la decisión no está tomada. Depende de ti. No quiero arrastrarte a un lugar al que no desees ir. Solo te pido que lo pienses.
(Me quedé callada, mirando a mi madre, y no sé porqué se me ocurrió recordar que la quería mucho)
- ¿Cómo dices que se llama el pueblo ese?
- Bline
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miércoles, 29 de diciembre de 2010
Otras posibilidades
Ayer hablé con mi madre de la llamada de Silvia. Se quedó con los ojos como platos, claro.
- Esa niña es un mal bicho. Debería hablar con su madre...
(Lo que faltaba. Mi madre de soplona)
- Ni se te ocurra. No serviría de nada...
(Bueno, sí serviría para algo. Para que se riese un poco más de mí)
Por fortuna, creo que le quité la idea de la cabeza. Aceptémoslo: Silvia había conseguido su propósito de amargarme la vida. El premio de consolación para mí era el haberle destrozado la vespino. No es gran cosa, pero menos da una piedra.
Ya me veía pasando el resto de mi vida con el cartelito de la suicida, de la pringada, de la abandonada. Un planazo, lo mío. Y así se lo dije a mi madre:
- Creo que, vaya a donde vaya, me mude a la urba que sea, Silvia será capaz de encontrarme y de contar a todo el mundo quien soy y todo lo que me ha ocurrido. Y cuanto antes lo acepte, muchísimo mejor.
Mi madre se me quedó mirando, muy seria. Luego se sentó a mi lado y me dio un abrazo, pero no uno de esos abrazos pegajosos de madre. Era como un abrazo de amiga. De persona mayor.
- No tires la toalla, Valeria. Hay otras posibilidades. Tú déjame a mí. Se me ocurrirá algo, ya lo verás.
Otras posibilidades... si mi madre lo dice...
¿Qué opinas tú?
- Esa niña es un mal bicho. Debería hablar con su madre...
(Lo que faltaba. Mi madre de soplona)
- Ni se te ocurra. No serviría de nada...
(Bueno, sí serviría para algo. Para que se riese un poco más de mí)
Por fortuna, creo que le quité la idea de la cabeza. Aceptémoslo: Silvia había conseguido su propósito de amargarme la vida. El premio de consolación para mí era el haberle destrozado la vespino. No es gran cosa, pero menos da una piedra.
Ya me veía pasando el resto de mi vida con el cartelito de la suicida, de la pringada, de la abandonada. Un planazo, lo mío. Y así se lo dije a mi madre:
- Creo que, vaya a donde vaya, me mude a la urba que sea, Silvia será capaz de encontrarme y de contar a todo el mundo quien soy y todo lo que me ha ocurrido. Y cuanto antes lo acepte, muchísimo mejor.
Mi madre se me quedó mirando, muy seria. Luego se sentó a mi lado y me dio un abrazo, pero no uno de esos abrazos pegajosos de madre. Era como un abrazo de amiga. De persona mayor.
- No tires la toalla, Valeria. Hay otras posibilidades. Tú déjame a mí. Se me ocurrirá algo, ya lo verás.
Otras posibilidades... si mi madre lo dice...
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domingo, 26 de diciembre de 2010
Navidades chunnnngassss
Esta Nochebuena ha sido más bien triste, como os podéis imaginar. Vinieron mis abuelos, que estaban como de funeral, pendientes de su hija la separada y su nieta la presunta suicida. Mi abuela suspiraba de vez en cuando, y meneaba la cabeza como dicendo "¡qué desgracia tan grande ha caído sobre nuestra familia!".
A mi abuelo no se le notaba tanto el mal rollo, pero también le llegaba.
Ayer, que fue Navidad, comimos con una amiga de mi madre y con su marido, que es uno de esos tíos que quieren ir de graciosos y al final resultan patéticos porque no hacen más que gastar bromas de las que no se ríe nadie.
Hoy, por fin, estuvimos solas mamá y yo. Y lo prefiero: por lo menos nos libramos de caras largas y de coñas marineras de un cretino que debería aprender a callarse. Nos fuimos a comer fuera, tan a gusto las dos, y luego dimos un paseo en coche. Mamá dejó atrás Pozuelo, y nos fuimos en coche hasta Majadahonda. Allí me enseñó una urba.
Un urba bastante parecida a la nuestra: en Madrid, todas las urbas se parecen unas a otra como si fueran clónicas.
- ¿Qué te parece, Valeria?
- Psch...
Lo dicho, que no había mucho que opinar.
- ¿Recuerdas que te hablé de cambiar de aires?
- Ajá...
- Pues estoy pensando en mudarnos a esta urbanización. Hay una casa a la venta que está bastante bien de precio.
- ¿Y qué va a pasar con nuestra casa?
Se quedó pensando
- Pues la venderemos, supongo... además, hay que pensar que esa casa la compramos tu padre y yo. No sería justo que tú y yo nos quedásemos a vivir en ella y que él tuviese que alquilarse un apartamento. Lo lógico es venderla y repartirnos el dinero.
Ahora fui yo la que me quedé callada. Así que era definitivo: papá y mamá no volverían a estar juntos nunca más. Lo único que tenían en común éramos yo y la casa.
Y la casa iba a venderse, ya me lo veía yo venir.
Pensaréis que soy una estúpida, pero me eché a llorar.
A mi abuelo no se le notaba tanto el mal rollo, pero también le llegaba.
Ayer, que fue Navidad, comimos con una amiga de mi madre y con su marido, que es uno de esos tíos que quieren ir de graciosos y al final resultan patéticos porque no hacen más que gastar bromas de las que no se ríe nadie.
Hoy, por fin, estuvimos solas mamá y yo. Y lo prefiero: por lo menos nos libramos de caras largas y de coñas marineras de un cretino que debería aprender a callarse. Nos fuimos a comer fuera, tan a gusto las dos, y luego dimos un paseo en coche. Mamá dejó atrás Pozuelo, y nos fuimos en coche hasta Majadahonda. Allí me enseñó una urba.
Un urba bastante parecida a la nuestra: en Madrid, todas las urbas se parecen unas a otra como si fueran clónicas.
- ¿Qué te parece, Valeria?
- Psch...
Lo dicho, que no había mucho que opinar.
- ¿Recuerdas que te hablé de cambiar de aires?
- Ajá...
- Pues estoy pensando en mudarnos a esta urbanización. Hay una casa a la venta que está bastante bien de precio.
- ¿Y qué va a pasar con nuestra casa?
Se quedó pensando
- Pues la venderemos, supongo... además, hay que pensar que esa casa la compramos tu padre y yo. No sería justo que tú y yo nos quedásemos a vivir en ella y que él tuviese que alquilarse un apartamento. Lo lógico es venderla y repartirnos el dinero.
Ahora fui yo la que me quedé callada. Así que era definitivo: papá y mamá no volverían a estar juntos nunca más. Lo único que tenían en común éramos yo y la casa.
Y la casa iba a venderse, ya me lo veía yo venir.
Pensaréis que soy una estúpida, pero me eché a llorar.
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martes, 21 de diciembre de 2010
¿Cambio de aires?
No sé qué quiere decir mi madre exactamente con eso de cambiar de aires, pero me lo puedo imaginar.
Una nueva casa, seguro. Una casa distinta, en otra urba, donde no haya malos recuerdos ni nada parecido. Y no me parece mal. No es que me gusten los cambios, pero si nos mudamos al otro extremo de la ciudad eso implicará también un colegio nuevo, cosa que me vendría de perlas.
Esta mañana vino la fisio y me dijo que estaba mejorando mucho. Me dieron ganas de decirle: "Vale, y ahora ¿cuáles son las buenas noticias?". Porque una vez que pierna se cure del todo, no me libre ni un milagro de volver a clase.
Ya sé que me pongo cantidad de pesada con ese tema, pero ¿qué hariais vosotros en mi lugar? ¿Os moriríais de ganas de regresar a un sitio donde nadie os espera? ¿Dónde nadie os quiere?
Ya sé que os vais a reir de mí, pero al principio pensaba que después de mi accidente cambiarían las cosas. Que Silvia, incluso J., reconsiderarían su actitud hacia mí.
Que, una vez supiesen que había estado a punto de matarme, se darían cuenta de lo injustos que habían sido conmigo.
Pero nada de eso ha ocurrido. Sigo sin recibir visitas, ni llamadas, ni noticias de las personas que fueron mis amigos durante muchos años.
Por eso el cambio de aires no es solo una posibilidad, sino algo que necesito profundamente.
Una nueva casa, seguro. Una casa distinta, en otra urba, donde no haya malos recuerdos ni nada parecido. Y no me parece mal. No es que me gusten los cambios, pero si nos mudamos al otro extremo de la ciudad eso implicará también un colegio nuevo, cosa que me vendría de perlas.
Esta mañana vino la fisio y me dijo que estaba mejorando mucho. Me dieron ganas de decirle: "Vale, y ahora ¿cuáles son las buenas noticias?". Porque una vez que pierna se cure del todo, no me libre ni un milagro de volver a clase.
Ya sé que me pongo cantidad de pesada con ese tema, pero ¿qué hariais vosotros en mi lugar? ¿Os moriríais de ganas de regresar a un sitio donde nadie os espera? ¿Dónde nadie os quiere?
Ya sé que os vais a reir de mí, pero al principio pensaba que después de mi accidente cambiarían las cosas. Que Silvia, incluso J., reconsiderarían su actitud hacia mí.
Que, una vez supiesen que había estado a punto de matarme, se darían cuenta de lo injustos que habían sido conmigo.
Pero nada de eso ha ocurrido. Sigo sin recibir visitas, ni llamadas, ni noticias de las personas que fueron mis amigos durante muchos años.
Por eso el cambio de aires no es solo una posibilidad, sino algo que necesito profundamente.
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sábado, 18 de diciembre de 2010
Mi madre tiene un plan
Pues eso: mi madre tiene algo en la cabeza. Y os aseguro que, cuando eso ocurre, es un verdadero peligro.
Fue a raíz de la visita de la dichosa Memé y su comentario sobre que las cosas no podían seguir así. Supongo que se refiere a que no puede consentir que todo el mundo ande por ahí hablando de su hija la suicida. Porque supongo que eso es lo que soy.
No sé como piensa arreglarlo mamá. Tal vez haciéndome una campaña de imagen o algo así. Podemos encargar camisetas con mi foto que digan "Valeria ama la vida", por ejemplo. O alquilar una valla publicitaria junto al centro comercial y poner un mensaje en plan "Valeria nunca quiso matarse".
Ya sé que es una tontería, pero no se me ocurre nada más. Todo el mundo quiere que intenté irme al otro barrio, y no veo como puedo corregir eso.
Tal vez lo mejor sería dejar que la gente pensase lo que le diera la gana. Después de todo lo que hemos pasado ¿qué nos importa a nosotras lo que desconocidos como Memé y compañía piensen o dejen de pensar?
Lo malo es que a mamá parece importarle mucho. Y, en el fondo, supongo que a mí también me importa. Por eso no quiero volver al colegio. Porque también allí me han colocado una etiqueta que no sé cómo demonios voy a quitarme.
Así que quizá mi madre tenga razón: habría que hacer algo. Seguro que a ella, que es muy lista, se le ocurre una solución.
O quizá ya se le ha ocurrido. Porque hoy, cuando acabamos de comer, se me acercó y me hizo una pregunta muy rara
"Valeria ¿qué te parecería cambiar de aires?"
Fue a raíz de la visita de la dichosa Memé y su comentario sobre que las cosas no podían seguir así. Supongo que se refiere a que no puede consentir que todo el mundo ande por ahí hablando de su hija la suicida. Porque supongo que eso es lo que soy.
No sé como piensa arreglarlo mamá. Tal vez haciéndome una campaña de imagen o algo así. Podemos encargar camisetas con mi foto que digan "Valeria ama la vida", por ejemplo. O alquilar una valla publicitaria junto al centro comercial y poner un mensaje en plan "Valeria nunca quiso matarse".
Ya sé que es una tontería, pero no se me ocurre nada más. Todo el mundo quiere que intenté irme al otro barrio, y no veo como puedo corregir eso.
Tal vez lo mejor sería dejar que la gente pensase lo que le diera la gana. Después de todo lo que hemos pasado ¿qué nos importa a nosotras lo que desconocidos como Memé y compañía piensen o dejen de pensar?
Lo malo es que a mamá parece importarle mucho. Y, en el fondo, supongo que a mí también me importa. Por eso no quiero volver al colegio. Porque también allí me han colocado una etiqueta que no sé cómo demonios voy a quitarme.
Así que quizá mi madre tenga razón: habría que hacer algo. Seguro que a ella, que es muy lista, se le ocurre una solución.
O quizá ya se le ha ocurrido. Porque hoy, cuando acabamos de comer, se me acercó y me hizo una pregunta muy rara
"Valeria ¿qué te parecería cambiar de aires?"
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martes, 14 de diciembre de 2010
La vecina de al lado
La vecina de al lado se llama Mercedes, pero quiere que la llamen Memé. Nunca he entendido porqué razón la gente prefiere andar por ahí paseando nombres absurdos. La tia Lou se llama Leonor, y ya veis...
El caso es que la tal Meme es de esas vecinas que se pasa la vida intentando enterarse de qué va la de los demás. Debe de tener muy poco que hacer. Le cuenta a todo el mundo que se divorció de un ricacho y está forrada. Tiene una casa que te mueres, con piscina y pista de paddle, un deportivo color rojo y dos abrigos de pieles.
Lo siento, pero a mi la gente que lleva pieles me da mal rollo. Hay que matar a muchos bichos para hacer un simple chaquetón, así que a saber cuantos pobres animales muertos lleva Memé en su abrigo largo hasta los pies.
Memé no trabaja -¿para qué, si su marido le ha dejado una pedazo de pensión? - y el tiempo que no está dándose masajes, poniéndose bótox o en la peluquería lo dedica a pasear a sus dos perros - tan estirados y tan cursis como ella - y a dar consejos a quien no se los pide.
Ayer, Memé se presentó en nuestra casa. Llevaba un gorro horrible como de castor, un abrigo nuevo hecho de animalitos y una bandeja de pasteles. Mamá flipó: hasta el momento apenas había cambiado con Memé dos o tres frases, y solo por pura educación. Así que ni ella ni yo entendíamos a qué venía tanta amabilidad vecinal de la noche a la mañana.
Pero claro, hubo que invitarla a pasar. A mí, que estaba en el salón, me dio un abrazo de esos que parece que van a ahogarte, en plan como superemocionado. A mi madre le apretaba el brazo. Yo me di el piro, por supuesto. Si ya no me gusta mucho la gente mayor, imaginad lo que puede apetecerme pasar el rato con una tía chismosa que se mete hasta en los charcos. Ni siquiera quise coger un pastelito. A saber si tenían veneno o algo así. Una persona capaz de matar animales indefensos para hacerse un abrigo es capaz de cualquier cosa.
Me fui del salón, pero me quedé escuchando lo que Memé decía. Y no sé si preferiría no haberlo hecho.
Lo que oí desde la cocina prefiero contároslo mañana.
El caso es que la tal Meme es de esas vecinas que se pasa la vida intentando enterarse de qué va la de los demás. Debe de tener muy poco que hacer. Le cuenta a todo el mundo que se divorció de un ricacho y está forrada. Tiene una casa que te mueres, con piscina y pista de paddle, un deportivo color rojo y dos abrigos de pieles.
Lo siento, pero a mi la gente que lleva pieles me da mal rollo. Hay que matar a muchos bichos para hacer un simple chaquetón, así que a saber cuantos pobres animales muertos lleva Memé en su abrigo largo hasta los pies.
Memé no trabaja -¿para qué, si su marido le ha dejado una pedazo de pensión? - y el tiempo que no está dándose masajes, poniéndose bótox o en la peluquería lo dedica a pasear a sus dos perros - tan estirados y tan cursis como ella - y a dar consejos a quien no se los pide.
Ayer, Memé se presentó en nuestra casa. Llevaba un gorro horrible como de castor, un abrigo nuevo hecho de animalitos y una bandeja de pasteles. Mamá flipó: hasta el momento apenas había cambiado con Memé dos o tres frases, y solo por pura educación. Así que ni ella ni yo entendíamos a qué venía tanta amabilidad vecinal de la noche a la mañana.
Pero claro, hubo que invitarla a pasar. A mí, que estaba en el salón, me dio un abrazo de esos que parece que van a ahogarte, en plan como superemocionado. A mi madre le apretaba el brazo. Yo me di el piro, por supuesto. Si ya no me gusta mucho la gente mayor, imaginad lo que puede apetecerme pasar el rato con una tía chismosa que se mete hasta en los charcos. Ni siquiera quise coger un pastelito. A saber si tenían veneno o algo así. Una persona capaz de matar animales indefensos para hacerse un abrigo es capaz de cualquier cosa.
Me fui del salón, pero me quedé escuchando lo que Memé decía. Y no sé si preferiría no haberlo hecho.
Lo que oí desde la cocina prefiero contároslo mañana.
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lunes, 13 de diciembre de 2010
Volver al colegio
Mina Sousa me pregunta cuando voy a volver al colegio.
Pues mira, Mina, por mí no volvería nunca. Pero sé que tendré que hacerlo más tarde o más temprano. De momento, y con la pierna como la tengo, el médico ha dicho que debo estar en casa.
La verdad es que sigo necesitando reposo. Y la fisio, que por cierto es una mala bestia, viene tres horas al día y me deja hecha una mierda. El jueves pasado hasta lloré de dolor y todo.
Lo bueno de estar así, con muletas y tal, es que me puedo librar de ir a clase. Así que, por un lado, casi me alegro de seguir lesionada.
Por otro, pienso que es horrible estar así, sin poder valerme. Estos días pienso mucho en todas las personas que dependen de alguien para las cosas más pequeñas, y no como yo, que un día u otro me pondré bien - o eso asegura el médico, y la bestiaja de la fisio.
Pienso en aquellos que están verdaderamente mal. En chicos y chicas que tendrán que llevar muletas de por vida, y tal vez cosas peores. El otro día, en el centro comercial, vi a un chico muy guapo que iba en silla de ruedas. Cuando me miró supe lo que estaba pensando: que yo era más afortunada que él.
Yo también lo siento así: a pesar de mi pierna rota por tantos sitios, de todos mis problemas, del divorcio de mis padres y la putada que me hizo mi mejor amiga, sé que hay mucha gente que está peor que yo y no van por ahí quejándose todo el dia.
Llegará el momento de volver al colegio, y tendré que asumirlo. Pero, de momento, no sabéis cuánto me duele la pierna (je, je, je)
Pues mira, Mina, por mí no volvería nunca. Pero sé que tendré que hacerlo más tarde o más temprano. De momento, y con la pierna como la tengo, el médico ha dicho que debo estar en casa.
La verdad es que sigo necesitando reposo. Y la fisio, que por cierto es una mala bestia, viene tres horas al día y me deja hecha una mierda. El jueves pasado hasta lloré de dolor y todo.
Lo bueno de estar así, con muletas y tal, es que me puedo librar de ir a clase. Así que, por un lado, casi me alegro de seguir lesionada.
Por otro, pienso que es horrible estar así, sin poder valerme. Estos días pienso mucho en todas las personas que dependen de alguien para las cosas más pequeñas, y no como yo, que un día u otro me pondré bien - o eso asegura el médico, y la bestiaja de la fisio.
Pienso en aquellos que están verdaderamente mal. En chicos y chicas que tendrán que llevar muletas de por vida, y tal vez cosas peores. El otro día, en el centro comercial, vi a un chico muy guapo que iba en silla de ruedas. Cuando me miró supe lo que estaba pensando: que yo era más afortunada que él.
Yo también lo siento así: a pesar de mi pierna rota por tantos sitios, de todos mis problemas, del divorcio de mis padres y la putada que me hizo mi mejor amiga, sé que hay mucha gente que está peor que yo y no van por ahí quejándose todo el dia.
Llegará el momento de volver al colegio, y tendré que asumirlo. Pero, de momento, no sabéis cuánto me duele la pierna (je, je, je)
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sábado, 11 de diciembre de 2010
Un paseo... y más cosas raras
He salido a la calle por primera vez en muchos días, con mi madre... y con muletas. Me sentía patosa y ridícula, pero mamá está empeñada en que tengo que recuperar la vida normal. Así que allá me fui, con mis cuatro piernas.
Cuando estábamos en el centro comercial, me ocurrió algo muy extraño. Estaba intentando entrar en el ascensor manejándome bastante mal con las muletas. Mi madre, que iba cagada de bolsas, no podía echarme una mano, y en ese momento un hombre vino en mi ayuda.
Era un señor mayor, con buena pinta. Uno de esos viejecitos que pueden salir en las películas haciendo de Santa Claus. Parecía muy buena persona, y cuando vio que tenía problemas me cogió por el brazo para ayudarme a entrar en el ascensor. Y entonces - y me resulta muy difícil de explicar - vi algo.
Entendedme: no lo vi delante de las narices, sino dentro de mi cabeza.
Vi a un hombre muy joven saliendo de una iglesia con una chica guapa vestida de novia, los dos felices, mientras les bombardeaban con arroz.
No duró mucho. Sólo unos segundos. Pero fue muy bonito.
No me preguntéis por qué, pero no tuve ninguna duda de que el hombre que había visto el día de su boda era el mismo anciano que se había acercado para ayudarme.
Y allí me quedé, con mis muletas... y hecha un completo lío.
Cada vez entiendo menos las cosas que me ocurren.
Cuando estábamos en el centro comercial, me ocurrió algo muy extraño. Estaba intentando entrar en el ascensor manejándome bastante mal con las muletas. Mi madre, que iba cagada de bolsas, no podía echarme una mano, y en ese momento un hombre vino en mi ayuda.
Era un señor mayor, con buena pinta. Uno de esos viejecitos que pueden salir en las películas haciendo de Santa Claus. Parecía muy buena persona, y cuando vio que tenía problemas me cogió por el brazo para ayudarme a entrar en el ascensor. Y entonces - y me resulta muy difícil de explicar - vi algo.
Entendedme: no lo vi delante de las narices, sino dentro de mi cabeza.
Vi a un hombre muy joven saliendo de una iglesia con una chica guapa vestida de novia, los dos felices, mientras les bombardeaban con arroz.
No duró mucho. Sólo unos segundos. Pero fue muy bonito.
No me preguntéis por qué, pero no tuve ninguna duda de que el hombre que había visto el día de su boda era el mismo anciano que se había acercado para ayudarme.
Y allí me quedé, con mis muletas... y hecha un completo lío.
Cada vez entiendo menos las cosas que me ocurren.
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Valeria Oriol Alexandre
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"Sombras"; Marta Rivera de la Cruz
jueves, 9 de diciembre de 2010
Cosas extrañas
He pasado unos días sin escribir porque no sabía si contar o no lo que me está pasando. Son cosas extrañas, y ahora no hablo de la tía Lou, ni de Silvia y J.
Hace unos días que no duermo bien. A ver si me explico: no es que duerma mal, pero me paso la noche soñando con cosas que me han ocurrido.
Ya sé lo que estáis pensando: que sueño con el accidente, con el golpe en el coche, con el traslado al hospital. Pero no van por ahí los tiros.
Más bien sueño cosas que pasaron hace un millón de años. Sueño con una muñeca que me regalaron cuando era pequeñísima, en unas Navidades. Una muñeca con un vestido rosa que caminaba si le dabas la mano.
También soñé con mi abuelo, con el padre de mi padre, que se murió cuando yo tenía siete años. Ha vuelto a aparecer en mis sueños, jugando conmigo en el parque. Yo iba en un columpio y él lo empujaba para que subiese más alto que los columpios de los otros niños. Fue un sueño muy bonito, porque era como si el abuelo estuviese vivo otra vez.
Ayer soñé con mi primer día de colegio, y con la cartera azul que estrenaba. Una cartera grande, de esas que se pueden poner a la espalda o agarrar por un asa. Lo recuerdo perfectamente porque a mitad de curso un boli rojo se me descargó dentro de la cartera y me quedé sin ella. Me llevó un disgusto enorme.
También soñé con unas vacaciones en la playa, en Menorca, cuando tenía cinco o seis años. Fue la primera vez que subí en barco, y me mareé. Lo curioso es que en el sueño casi podía notar las arcadas al vomitar por la borda.
Pero lo más curioso no es eso: es que todas esas cosas con las que sueño las tenía olvidadas. A mi abuelo solo lo recuerdo gracias a las fotos. De la cartera azul tampoco me acordaba. Ni mucho menos de la muñeca andarina - ¿quién se acuerda de sus muñecas? - ni del verano en Mallorca y la pota que eché al subir al barco.
Pero luego, al despertar después de haber soñado con todo eso, era como si me hubiese pasado todo la noche anterior.
¿Alguien entiendo lo que está pasando?
Hace unos días que no duermo bien. A ver si me explico: no es que duerma mal, pero me paso la noche soñando con cosas que me han ocurrido.
Ya sé lo que estáis pensando: que sueño con el accidente, con el golpe en el coche, con el traslado al hospital. Pero no van por ahí los tiros.
Más bien sueño cosas que pasaron hace un millón de años. Sueño con una muñeca que me regalaron cuando era pequeñísima, en unas Navidades. Una muñeca con un vestido rosa que caminaba si le dabas la mano.
También soñé con mi abuelo, con el padre de mi padre, que se murió cuando yo tenía siete años. Ha vuelto a aparecer en mis sueños, jugando conmigo en el parque. Yo iba en un columpio y él lo empujaba para que subiese más alto que los columpios de los otros niños. Fue un sueño muy bonito, porque era como si el abuelo estuviese vivo otra vez.
Ayer soñé con mi primer día de colegio, y con la cartera azul que estrenaba. Una cartera grande, de esas que se pueden poner a la espalda o agarrar por un asa. Lo recuerdo perfectamente porque a mitad de curso un boli rojo se me descargó dentro de la cartera y me quedé sin ella. Me llevó un disgusto enorme.
También soñé con unas vacaciones en la playa, en Menorca, cuando tenía cinco o seis años. Fue la primera vez que subí en barco, y me mareé. Lo curioso es que en el sueño casi podía notar las arcadas al vomitar por la borda.
Pero lo más curioso no es eso: es que todas esas cosas con las que sueño las tenía olvidadas. A mi abuelo solo lo recuerdo gracias a las fotos. De la cartera azul tampoco me acordaba. Ni mucho menos de la muñeca andarina - ¿quién se acuerda de sus muñecas? - ni del verano en Mallorca y la pota que eché al subir al barco.
Pero luego, al despertar después de haber soñado con todo eso, era como si me hubiese pasado todo la noche anterior.
¿Alguien entiendo lo que está pasando?
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Valeria Oriol Alexandre
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